Texto a la par del discurso triunfalista

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Opinión
Mirando de Abajo
Martes,  14 de Octubre, 2014

Están en el balcón. Álvaro García Linera aspira el aire tirando la cabeza hacia atrás, a punto de un soponcio. Grita, y gritan todos “Evo, Evo, Evo”; ya estamos en territorio de Corea del Norte. ¿El discurso? Sin importancia; generalidades, dedos pequeños y sentenciosos. Choquehuanca da saltitos de acuerdo a su tamaño. Privatización, nacionalización, hermanos y hermanas, democracia, potencia nuclear, contra el capitalismo, antiimperialismo. En un recuadro muestran a la Montaño aplaudiendo; no sé por qué la muestran en específico.

Circo para pobres o circo para imbéciles. Que están felices, por supuesto. Un “profesor”, quizá argentino o español, habla con soltura y sin empacho de una Bolivia que no existe, ya no la enigmática de la altura, sino el ejemplo mundial de manejo económico. René Joaquino arrastra la lengua. Recibirá palmaditas para mascotas. ¿La COB? La COB no sirve, es un organismo obsoleto en manos primero de cobardes y luego de corruptos. Las logias oscuras del tráfico, el contrabando, la minería ilegal han descorchado las champañas, porque esta masa seudorrevolucionaria tiene veleidades de nobleza y lujo. No en vano los edificios de arquitectura chicha, millonarios, ondean banderas azules en boca de gárgolas de yeso.

Morales dedica la victoria a Castro y a Chávez. ¿Cuál la necesidad de nombrar personajes del absolutismo seco? ¿A qué viene? Uno ya peca de momia y el otro revolotea entre arbolitos. Otras son las perspectivas del futuro y pasarían por tontos en endulzar este triunfo como garantía de eternidad. Existe una dinámica, ajena a la manipulación de los achachilas. Choquehuanca puede soplar, meter sahumerios por cualquier hueco que acceda, su permanencia no se juega en las ilusiones del populacho. 2015 viene con otras máscaras y hablar del 2025 es hablar de diez años impredecibles. Mejor no hablar.

Un analista menciona alegría y tristeza. La cámara muestra una mujer aymara con un falso keru tiwanacota. Otro amauta sopla un caracol. Los líderes ya retornaron al interior de palacio. Alguno habrá sufrido desmayo, por la agitación que percibimos; supongo que hasta los médicos visten de azul. Un nuevo Mao, si consideramos las casacas, un nuevo chivo si recordamos a Trujillo.

En el Cambódromo alguien aúlla con tono kirchneriano. Es una explosión kitsch, incluidos los opositores que ni cuentan, exceptuando quizá la valiente entrega de los verdes que quedan como pizca de esperanza en un país desesperanzado. Me dirán loco, hoy que todo lo que estalla es optimista; pesimista, reaccionario, enemigo del sesenta por ciento de los bolivianos, mal matemático, peor místico, ciego que no quiere ver que las estrellas se han alineado en este sórdido, jocoso y trágico espectáculo.

No quería seguirlo, porque tiempo es lo que menos tengo, pero me interesó para estudiar el género humano como parte del reino animal. El gobernador de Sucre, con sombrero muy español, se desgañita. El olor de brujerías que se queman sale por la pantalla. Humo, humo. El comentador da números, abismales unos. Y pienso que estos se traducen en la gente que conozco, el pueblo al que observo, usualmente boquiabierto y carente de esa chispa que iluminaría un porvenir. Pienso en mi padre, me alegro que no esté para verlo. Lo enojaría y diría cosas tan duras que me prohibirían transcribirlas. Busco entre los videos alguno que distraiga esta noche en que los alaridos llenarán el vacío de un espacio geográfico sin cacumen, con impulsos, como en los experimentos de Pavlov.

La viuda negra, un culebrón al parecer, puede darme ese alivio. O sigo con Joaquino y su dicción de intento castizo o me insumo en sangrientas pasiones. Habla el gobernador de Potosí. Todos son hermanos y hermanas en este proceso de fraternidades. De ahí vienen los Caínes, los incestuosos.

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Claudio Ferrufino