Tres riesgos y una fanfarronada

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Roger Cortez Hurtado

martes, 14 de octubre de 2014
Tres riesgos y una fanfarronada

Confirmados como está que han ganado quienes ganaron toca ocuparse pronto y a conciencia de problemas existentes que tienden a ahondarse con la continuidad de quienes los administran, o inclusive los han  provocado, y de un compromiso muy importante y poco discutido, que muestra todas las señales de que va a ser burlado.
El primer riesgo hace al manejo de la relativa escasez de recursos que se cierne sobre nuestra economía; el segundo al empeoramiento de las políticas antiindígenas y depredadoras del ambiente y el último, al mantenimiento de la igualdad a través de la impunidad y la promoción de individuos discriminadores, maltratadores y violentos como el actual alcalde de Santa Cruz de la Sierra.
El hecho de que Bolivia haya sido reconocida este año como la economía con mayor crecimiento del continente, y que, eventualmente, ocurra lo mismo el año próximo, no nos inmuniza ante el descenso de cotizaciones de materias primas y los sacudones que experimentarán casi todos nuestros vecinos.
El éxito económico gubernamental, no por insuficiente, deja de sepultar muchas de las críticas que se han hecho a su ecléctica política económica, pero no a la que advierte sobre el enorme rezago para cambiar el patrón de acumulación extractivista y de base angosta.
Tampoco autoriza a  que deje de adoptar medidas de prevención en diversas áreas, tales como el rígido inmovilismo cambiario, el gasto improductivo, la gran inflación de la burocracia y, más importante todavía, la baja productividad, el estancamiento de las reservas de exportables y  la lentitud extrema en materia de innovación y desarrollo.
Los proyectos grandilocuentes como el “centro energético continental” son inviables sin ampliación de las reservas de gas (la asociación con la Argentina parece ser una gran opción no considerada), e incursionar en generación de energía nuclear, no sólo tiene la apariencia de una iniciativa chauvinista, sino francamente riesgosa y carente de cualquier justificación.
Las tardías y casi inaudibles autocríticas de las políticas adoptadas con los pueblos del TIPNIS y el empeño de romper el núcleo del bosque en ese territorio (todo ello dicho no aquí, sino en la Argentina) parecen haberse evaporado y reaparece la amenaza de una tremenda confrontación para imponer los planes del Gobierno.
Se agrega a esa orientación antiindígena y antiambiental que el Presidente ha anunciado una revisión de pretendidas anormalidades en varias TCO, en consonancia con la demanda de dirigentes campesinos de desmembrar o reducirlas. Eso nos coloca ante la posibilidad de una contrarreforma agraria que termine de traicionar los derechos de quienes encabezaron el proceso constituyente.
La inminente alianza del partido gubernamental con el actual alcalde cruceño, en las próximas elecciones municipales, se funda necesariamente en sepultar toda investigación de los muy serios indicios de corrupción de su administración y constituye un aval a su trayectoria de patrón acosador, humillador y maltratador que lo caracteriza. Lo más serio de semejante señal es que consolida los graves déficits en materia de igualdad que supone la supervivencia y el incremento del maltrato y discriminación que sufren las mujeres y los menores en Bolivia.
Por último, el programa electoral del MAS consigna el objetivo de cultivar “un millón de hectáreas de quinua” hasta el año 2025 (eso significa 100 mil nuevas cada año), pero sus voceros afirman que este incremento se haría en las tierras donde tradicionalmente se ha estado plantando la quinua. Sus técnicos saben que esto no es posible y que la única manera de conseguirlo es impulsando una verdadera economía plural, mediante la convergencia de comunidades e inversores, para aplicar una tecnología propia en zonas desérticas (arenales y arcillares), a lo cual el Gobierno ha restado cualquier apoyo hasta ahora.
El cultivo de un millón de hectáreas de quinua real orgánica transformaría sustantivamente la economía y la movilidad social en todo el país, no solamente en el altiplano, pero para eso y para que este compromiso no quede en bravata es necesario abandonar el dogmatismo y el sectarismo desplegados en estos años.

Roger Cortez Hurtado es  investigador y director del Instituto  Alternativo.

El cultivo de un millón de hectáreas de quinua real orgánica transformaría sustantivamente la economía y la movilidad social en todo el país.