Que es Camba?

by

Gustavo Pinto Mosqueira
Santa Cruz de la Sierra, abril de 2010

Nota: Este trabajo en una versión corregida del que publicamos en forma digital como cuaderno No. 3 y además, ha sido ampliado con otros datos y con el acápite referido a la cultura camba actual, tal como es vista sobre todo por investigadores extranjeros. El autor del mismo, por ser de esta cultura, no dejar de aportar con lo que son parte de sus vivencias y reflexiones.

A manera de presentación.-

Este artículo fue escrito entre abril y mayo de 2009, a objeto de ser publicado en una revista académica que una institución cultural de nuestro medio pretendía editar. Por razones que desconozco, la revista aún no salió en circulación. Ahora bien, este trabajo, en su primera versión que alcanzaba unas 15 páginas en tamaño carta, ya fue socializado entre algunas personas. Esa versión, mejorada, también se la puso en circulación en forma digital en enero de 2010. En abril de este año en curso, el texto ha sido corregido, ampliado y profundizado significativamente en base a varias fuentes, entre libros y algunos documentos, que en los últimos meses se estudiaron.

El trabajo tiene una idea directriz: trata de describir, de manera cronológica, la aparición, el uso y el significado que ha tenido el vocablo “camba” en el oriente boliviano, particularmente en Santa Cruz. Muestra también cómo el pueblo cruceño, y con el tiempo la gente de los llanos chaco-amazónicos del oriente boliviano, ha ido asumiendo una identidad en base a un mestizaje biológico cultural característico en estas tierras cálidas o tropicales que conocemos como Santa Cruz, Beni y Pando; territorio donde se halla una cultura particular que se denomina “cultura camba”. Esta cultura no se la describe en profundidad porque ya ha sido estudiada y expuesta por propios y extraños en obras publicadas, aunque sí se la presenta de manera resumida, pues es el pivote sobre la cual se sustenta la nacionalidad camba.

Para guiar al lector, el trabajo, donde se ve pertinente, va con una numeración a manera de subtítulos, en unos casos seguidos de incisos.

Invitamos a leer este texto a los interesados en conocer más sobre el uso y significado de la palabra “camba” y a los que buscan una explicación al por qué es más apropiado usar dicho término para nominar a la cultura del oriente boliviano, que tiene una particularidad y un denominador cultural común, a pesar de que algunos no lo acepten más por ignorancia sobre el tema que por omisión consciente.

Al final se ensayan algunas conclusiones y reflexiones que son responsabilidad del autor y que invitan a otros a seguir indagando este tema que, por cierto, no ha sido agotado en su complejidad. Pues, como dice Saignes (2007), queda por hacer esa etno-génesis de la “cultura camba”.

Se hace también el listado de las fuentes y documentos que se han consultado para describir, explicar y analizar las ideas centrales sobre el tema.

1) La palabra camba a fines del siglo XVII

El documento más antiguo donde aparece la palabra cambas, así en plural, es la Relación de la provincia de Mojos (1676) escrita por el Hno. jesuita Joseph del Castillo.

Por el contexto histórico del relato, el plural cambas se refiere a un grupo de nativos de la provincia de Mojos que el Hno. jesuita traía consigo, “por última vez” a la ciudad de San Lorenzo (o sea, Santa Cruz de la Sierra ubicada donde está hoy). Estos indígenas, nominados con la palabra camba, eran sacados a dicha ciudad, con toda seguridad, a realizar trabajos de distinta índole: servicios domésticos, aprendizaje de la lengua castellana para hacer de guía y traductor en las misiones de evangelización, cultivo de las sementeras… La situación indica que dicho término se lo utilizaba también para referirse a cualquier nativo que, ya en el último cuarto del siglo XVII, no necesariamente era chiriguano-guaraní, de cuya lengua, con seguridad, se deriva, etimológicamente, el vocablo camba. A su vez, la relación de Del Castillo está indicando que en San Lorenzo, por aquellos años, ya se usaba dicha palabra para referirse al nativo, que en forma voluntaria o no, asumía esa condición social: salir o ser sacado de su hábitat natural o parcialidad étnica para hacer diversas tareas en la ciudad de San Lorenzo.

2) La palabra camba en el siglo XVIII

En el siglo XVIII es probable que el uso del término camba se haya generalizado más en la ex gobernación de Santa Cruz. Dos fuentes, por ahora, refuerzan esta afirmación.

a) René Moreno (1973: 440; nota VII: 233), alude a una serie de documentos de 1768 relacionados con la expulsión de los jesuitas de las misiones de Chiquitos. Algunos de esos documentos del 4 de abril de 1768, acusan a un “cholo altoperuano” de haber favorecido que el misionero jesuita P. Patzi, se quedara con su hermano en Chichas. “Lo cierto es que entre la gente reclutada para la expedición de Chiquitos iba algo como un centenar de samaipateños y vallegrandinos, y entre éstos bien pudo haberse colado algún cholo altoperuano”. Según Moreno, ya por aquella época, los mestizos de la parte andina de la actual Bolivia eran “mal mirados por la plebe de Santa Cruz”. Dice Moreno que la ani maversión hacia los cholos del Alto Perú “era comparable á la que todos sentían por el camba chiriguano y por zambos y mulatos de la frontera portuguesa”.

Esto explica que aún en el siglo XIX existiera algo así como una doctrina o dicho popular entre los cruceños que rezaba así:

“Los enemigos del alma son tres: colla, camba y portugués”.

O al menos, ese refrán popular cruceño se fue tejiendo durante el siglo XVIII y tal vez desde antes.

Es importante advertir que aquel enunciado no era la postura personal de Gabriel René Moreno, menos de Nicomedes Antelo, como más de un crítico de ambos estudiosos cruceños lo quiere hacer ver . Es cierto que Moreno lo recoge en su obra Nicomedes Antelo concluida en marzo de 1885 en Santiago de Chile. Y es posible que Antelo se la haya repetido a Moreno más de una vez en la conversación que mantuvieron ambos en Buenos Aires. Pero, por el contexto histórico y los antecedentes coloniales, aquella expresión más bien se nota que era parte de la tradición oral del pueblo cruceño, repetida hasta fines del siglo XIX.

En esa obra, en la parte donde Antelo le relata sus recuerdos de la gente de Santa Cruz a Moreno, está contextualizada mejor la expresión:

«[Santa Cruz de la Sierra – en adelante los corchetes son del autor de este trabajo] es la única población boliviana que no habla ni ha hablado nunca sino castellano: ha sido también la única de pura raza española, y se miraba en ello. La plebe guardaba eterna ojeriza al colla (altoperuano), al camba (castas guaraníes de las provincias departamentales [cruceñas] y del Beni), y al portugués (brasileños fronterizos y casi todos mulatos y zambos). De aquí el artículo inviolable de doctrina popular cruceña:

Los enemigos del alma son tres:
colla, camba y portugués”. (Moreno [1885] 1960: 7) .

Por la cita, según dan a entender Moreno y Antelo, a fines del siglo XIX ya se le llamaba camba no sólo al guaraní de Santa Cruz sino también al nativo o indígena beniano. Por tanto, el uso del vocablo camba y su denotación estaba más generalizado en lo que hoy conocemos como el oriente boliviano.

b) La otra fuente donde aparece escrita la palabra camba data de fines del siglo XVIII. En una lista donde se registra el pago por los días trabajados a los peones en la “Hacienda del Valle”, la palabra camba figura como el apellido de algunos trabajadores de dicha hacienda. Se alude a un “Juan camba”, a “Pedro Pablo camba” y a “seis cambas”. (Archivo del Cabildo de la Catedral de Santa Cruz de la Sierra. Secc. 2. 1785). Es seguro que el apellido camba de Juan y Pedro Pablo no era el natural, sino un sobrenombre que ellos se pusieron o el que hizo la lista los llamó así a fin de otorgarles una identidad más completa con fines de pago. El plural de “seis cambas” está claro que se refiere a un grupo de peones de esa hacienda quienes o eran de origen indígena o eran “mestizos”.

3) La palabra camba en el siglo XIX

Durante el siglo XIX, la palabra camba se registra en más de una fuente escrita.

a) En la Colección de Manuscritos Rück (183: 57) del Archivo Nacional de Bolivia (Sucre), aparece en 1805 la palabra “camba”, para referirse, según Saignes (2007: 229), “muy fugazmente al ‘indio camba Mariano Tasarope [quien] dio libertad y escape al joven cautivo Marcelo Rollano para que avise’ a Pomabamba de los proyectos agresivos de Cumbay (…). En este contexto – comenta Saignes – la apelación a camba parece restringirse a los chiriguano aliados o cristianos (notemos el nombre español de Mariano)”. Además, este etnólogo francés afirma que a lo largo del siglo XIX corrió esta vos de “camba” (o “cambada”) usada luego para “designar al campesino mestizo del oriente [boliviano] y por extensión al poblador cruceño” (Idem).

b) Esta palabra en plural y en singular también aparece en 1814, en el informe que hizo de su compaña contra los insurgentes (rebeldes), desde el cuartel general de Santa Cruz de la Sierra, el realista militar, don José Joaquín Blanco al Mariscal de Campo don Joaquín de la Pezuela, General en Jefe del Ejército Nacional (español). Aquí se afirma que después de vencer en el sitio de La Angostura a unos 120 guerrilleros, encontró a un número igual de

Cambas flecheros con gran porción que había con garrote y caballos preparados para seguirnos al alcance, después de la derrota y fuga en que se pretendía ponernos (…)

Después de darse a la fuga los insurgentes que quedaron vivos, se les persiguió, pero sólo se puedo dar con uno de ellos que llevaba un “fusil en mano” y con otro “camba con su arco y flecha, que rindió la vida al filo de mi espada (…)”, dice el realista Blanco. No hay duda que aquí la palabra “camba” alude al los chiriguano-guaraní que seguramente fueron convencidos u obligados a combatir uniéndose a los insurgentes o patriotas como los llamará después la historiografía oficial de los nuevos Estados fundados, como el de Bolivia (Informe del J. J. Blanco al Mariscal Joaquín de la Pezuela, Santa Cruz de la Sierra, mayo 14 de 1814).

c) En 1825 aparece en una carta que le hace Manuel Ignacio de Salvatierra a don Videla, pacificador de Santa Cruz, en la cual se menciona el término “camba”, anteponiéndoselo al nombre Jose, afirmando que el día 12 de junio de ese año se ha “cogido al camba Jose, el que tiene su mujer a donde viene a robar caballos, al que lo he encontrado hoy con 3 cabalgaduras y asiendo diligencia de cojer (sic) otra, como al mismo tiempo en la semana pasada hiso (sic) lo mismo y todos hicimos de callar sonsamente […]”. (Manuel Ignacio de Salvatierra, Asusaqui 12 de junio de 1825, Museo Histórico – Archivo Histórico, Fondo Prefectural de Santa Cruz, 0/01-11). En esta referencia a dicha palabra, no se puede saber con exactitud si el “camba Jose” es un mestizo o indígena; aunque es más probable que sea un indígena chiriguano, pues no figura su apellido en la carta; más aún, como efecto de las penetración colonial de españoles y cruceños a la Cordillera y de las Misiones en general en el Chaco, se sabe que muchos chiriguanos adoptaban nombres de “cristianos”, volviendo su nombre nativo apellido paterno, como lo hace ver Combès (2005: passim); otros, probablemente se quedaban, sin más, con el nombre cristiano.

d) Antelo y Moreno, aluden más veces al término camba. Así, hablando de la supuesta unidad de raza y pureza de sangre del pueblo cruceño –algo que sabemos que no fue tal como la defendía en su tiempo Antelo –, donde todos, a pesar de haber en la sociedad cruceña jerarquía de clases, “ricos y pobres, chicos y grandes, plebe y señorío”, eran blancos, lo eran porque no se habían mestizados ni con collas, ni con cambas, ni con portugués (Moreno 1960 [1885]: 9). Aquí el camba, como se dijo arriba, era el indígena cruceño y beniano.

Más adelante, según René Moreno, Antelo admitía que si alguna mezcla debía darse del pueblo cruceño con otra sangre, aceptaba “sin vacilar” la del blanco (cruceño) con el “camba misionero de origen guaraní; indio ingenuo, jovial, aseadísimo, estrechador amistoso de manos, agraciado y despierto; […]”. Rechazaba la mezcla del cruceño con el “sombrío, huraño, postrero, estúpido […] indio incásico”. Esta mezcla, según él, “era la peor de las mezclas posibles de blanco con amarillo. Esta mestizaje ha dado origen al cholo altoperuano o colla”. (Moreno 1960 [1885]:32).

Moreno muestra, además, que el término camba ya a mediados del siglo XIX era usado para colocar “apodo” a algún cruceño con rasgos más mestizos. Señala, por ejemplo, que los cruceños que se crían blancos, cuando entraban a la sacristía, saludaban a “cierto compañero” así:

“─ ¿Cómo está el camba Rojas”. (Moreno 1960 [1885]: 37 .

El apodo de “camba” manifiesta que este término ya desde aquellos años del siglo XIX se viene usando para referirse también a un mestizo-criollo cruceño. De ahí que es completamente pertinente acuñar la categoría “camba cruceño” para referirse al habitante o poblador de Santa Cruz de la Sierra y sus provincias, como portador de una identidad cultural distinta a cualquier otra dentro de Bolivia.

A parte de las alusiones anteriores, hay otras fuentes importantes en el siglo XIX que inscriben dicha palabra.

e) En 1842, M. Bach, usó el término camba para referirse a los Chiriguanos. En su carta dice:

“[…]los chiriguanos reciben el mote de cambas, como los chiquitanos de choropas, a saber, camba significa en lengua guaraní, la cual se habla también en Paraguay y en Guarayos, amigo, lo mismo que churupa, de donde viene choropa: pues bien, estos son sobrenombres despectivos”. (Bach 1842, en Peña y otros 2003: 118).

f) Cardús, al hablar de los Chiriguanos aclara:

“[…] además del nombre de chiriguanos, son conocidos allí [en los últimos valles de la cordillera oriental de los Andes y en los primeros llanos de la parte occidental del gran Chaco, que se extiende desde las inmediaciones de Santa Cruz hasta las orillas del río Bermejo], con el de abas, cambas y tembetas, derivándose este último del boton [sic] que llevan en el labio inferior. Son de raza guaraní y hablan un dialecto de la misma lengua […]”. (1886: 241-242).

El uso de la palabra camba para nombrar a los Chiriguanaes, en la referencia de Cardús, puede ser entendido en dos sentidos: uno, que dicho término, por ser usado genéricamente para referirse indistintamente a todos los indígenas de Santa Cruz y del Beni., no sea más que una “nominación”; dos, que sea usado por Cardús, como expresión de la identidad de los Chiriguanos, pues, según indagaciones, el origen de este vocablo proviene de la lengua chiriguana-guaraní. Así, Ángel Segovia, isoseño, profesor de lengua guaraní en la universidad pública y en el Seminario Mayor San Lorenzo de Santa Cruz de la Sierra, sostiene que dicho vocablo deriva del término guaraní ciumbae que aún utilizan las personas más ancianas en el saludo que se dan los Chiriguanos o Guaraní cuando se encuentran entre ellos. La frase que se dicen es la siguiente:

“Piama che ciumbae” .

Que traducido significa “buenos días mi señor o mi señora”. Porque esa expresión, cuimbae se traduce como “señor” o “señora” de manera indistinta, pues es un vocablo neutro que se utiliza para referirse a una mujer o un varón. En esa expresión el vocablo “cuimbae” también aparece escrito como “kambae”.

Con el tiempo, el término ciumbae, como efecto de la metástasis que han sufrido muchas palabras del castellano o de otras lenguas nativas incorporadas al habla popular camba, en el oriente boliviano, se volvió camba . Esto es, seguramente la palabra “cuimbae” (o kambae), como efecto de la castellanización de dicho término por el habla cruceño, cambió su grafía y pasó a escribirse como “camba” .

Es complementario a lo afirmado anteriormente, esto que explica Sanabria (en Moreno 1960 [1885]: 97, nota 27) respecto al vocablo camba:

“En la forma dialectal chiriguana, que algunos guaranálogos [sic.] consideran como la primitiva y más pura de esta lengua, camba es amigo, en acepción generalizada al individuo de aquella estirpe, o si se quiere es una extensión de índole racial. En esta comprensión vale más que el término corriente de inu cuyo significado reduce el concepto para aplicarlo al individuo que está más próximo o convive con el que habla. Cherino, ndinu es como decir mi o tu compañero. En cambio, catupiri checamba, por ejemplo, es el saludo al prójimo que sin ser precisamente un conocido, se reputa como un amigo por ser de la misma tribu o estirpe”.

Ahora bien, el P. Giannechini en su Diccionario Etimológico Chiriguano-español (inédito aún hasta los años 50 del siglo XX, según Sanabria), afirma que por el período de las reducciones franciscanas (más hacia fines del siglo XIX) en la provincia de la Cordillera…

“el indígena misionero llamaba camba no exclusivamente al hombre de su estirpe, sino también al mestizo, en quien, con la acuidad que le es innata, descubría los rasgos fisonómicos y quizás también los morales, que le emparentaban con él. De ahí que cuando un chiriguano entraba en Santa Cruz o en cualquiera de los pueblos comarcanos, trataba de camba a ciertos hombres de estas comunidades, mientras que al blanco se dirigía llamándolo caray o más respetuosamente, chega, esto es, mi señor o mi amo” . (Sanabria en Moreno 1960 [1885]: 98).

Comprendiendo aquella denominación, el criollo cruceño, que por el siglo XIX aún no había aceptado su condición de mestizo, según Sanabria, “dio en llamar camba no tan sólo al chiriguano y, por extensión, a cualquier indígena llanero, sino también a todo individuo de su comunidad a quien reconociera o simplemente reputara como producto de la mixtión hispano-terrícola”. (en Moreno 1960 [1885]: 98). Vale aclarar, también se le llamaba camba al habitante mestizo cruceño. Ergo, también se le llamaba “camba” al habitante cruceño mestizo.

g) En su novela histórica Siringa (donde relata parte de la experiencia que tuvo como trabajador en el periodo de la explotación de la goma elástica en el noreste beniano), el cruceño Juan B. Coimbra, escribe la palabra camba para ilustrar diferentes situaciones o contextos.

En efecto, usa el término camba para aclarar que así se les llamaba “generalmente a los indios del Beni” y para decirnos que los “cambas itonamas” formaban, aún a fines del siglo XIX, “la gran mayoría del pueblo” de San Joaquín, pero que ya muchos de ellos sabían el castellano para relacionarse con “los carayanas” –nombre que se les daba también de un “modo general a los blancos”. (1993: 41).

En un sentido semejante aplica la palabra camba, en plural, para referirse a un grupo de itonamas ancianos que le relataron cómo el pueblo de San Joaquín, en tiempos lejanos había sido invadido por “una inmensa cantidad de murciélagos que provenían de los sumucales”. (1993: 56).

Más adelante, Coimbra usa dicho término para acuñar la expresión “mitología camba”, con la que describe un mito del indígena que vivía en las riberas de los ríos benianos. Una parte del mito camba lo relata de esta manera:

“Aunque el Tupá del que hablan los indios es el Dios Universal de la jungal [sic.], los ribereños dicen que tiene su morada en el río, a la vera del cual reina e impera. Se desdobla en alma errante de poderes malignos, fulminantes, contra los que intenta hollar sus designios. Una de estas almas se denomina Añá. En la leyenda indígena, siempre sucumbieron los hombres tirados a valientes que, resistiendo sin disparar ante los aparecidos fantásticos, los hacían desaparecer gritándoles. Estos hombres, a la larga, o se extraviaban o naufragaban o caían en las garras del tigre”. (1993: 85).

También la utiliza para mostrar cómo aún a fines del siglo XIX, para el cruceño o beniano que se consideraba blanco o carayana, decirle camba “era ofensivo”; como el caso que Coimbra relata de un juego de azar entre blancos o criollos, donde apostaban libras esterlinas y hasta batelones cargados de bolachas de goma. Así, después de ir ganando, un tal Neira, lo pierde todo. Entonces, a don Marcelino Mostajo, el patrón, se le ocurrió decirle “-Pare el camba Neira”, en el momento en que éste último lanzaba los dados. “Fue suficiente”. “En aquel tiempo era oprobioso ser tenido por camba”.

“Neira reaccionó como una fiera y espetó a don Marcelino una ducha vitriólica de carajazos e improperios; por uno y otro bando los hombres se ajustaron el cinto, y se armó la bolina. Hubo tiros, una docena de puñetazos, fuga, insultos, atropello.

“Neira pasó un año en la cárcel y Mostajo dos meses en su cama”. (1993:56).

En otro pasaje de su novela, Coimbra da a entender que el vocablo camba se aplica, además, para aludir al peón o trabajador que se esforzaba en hacer pasar los batelones en las cachuelas del río Beni. Dice:

“Unos segundos en el vacío…un choque con otras correnteras allá en el fondo nublado por gruesa lluvia, el crujir de la madera reventada y –con la ayuda del Tupá, que secretamente invocaban los indios, o con las gracias al cielo, que daban los cambas– ¡todo se había salvado…!

“Aunque no siempre todo”. (1993: 108).

Entonces, en su obra Coimbra utiliza la palabra camba para referirse e identificar a todos los indígenas del Beni considerados éstos en forma individual o grupal; a los rasgos de su cosmovisión, y a los mestizos que trabajaban en la extracción y comercialización de la goma elástica, así como para señalar que para un grupo social, generalmente el criollo cruceño o beniano, era todavía un insulto ser llamado “camba”. Algo comprensible para aquella época donde, además del auge económico de la siringa, estaba en boga el darwinismo social, ideología que no dejaba que el carayana reconociera y asumiera su mestizaje.

Y sin embargo, como efecto de la evolución natural, social y cultural, el criollo cruceño, y con el tiempo su descendiente el beniano (y también el pandino), será profundamente mestizo. Para confirmar esto que se sostiene es importante conocer lo que han dicho varios autores que se han ocupado del mestizaje del cruceño con el camba en el oriente boliviano.

Así, García Recio afirma que el cruceño del primer siglo y medio que vivió en Santa Cruz de la Sierra después de 1561 hasta fines del siglo XVII, era, casi en su totalidad, mestizo.

“La cortedad del número de individuos inmigrados a lo largo de la etapa que estudiamos [siglos XVI – XVII] y lo reducido del total del grupo colonizador dio lugar a una intrincada red de lazos de parentesco, resultado de las relaciones fundamentalmente endogámicas, que vino a unir prácticamente a todos los pobladores. De esta forma […] podemos afirmar la importancia del grupo mestizo en Santa Cruz, los múltiples matrimonios y uniones de otro tipo dieron lugar pudiera decirse, a mi juicio con relativa veracidad, que en S. Lorenzo no había ‘españones, porque todos son ijos y nietos y biznietos y mesticos [sic.] la mayor parte’. El grado de sangre indígena de cada individuo lo adscribía a diferentes grupos: mestizo el que era hijo de blanco e india, cuarterón el hijo de blanco y mestiza (o viceversa [es decir, el hijo de mestizo con blanca –la aclaración es nuestra]), y puchuelos el hijo de cuarterón y blanca (o a la inversa, [o sea, el hijo (a) de blanco con cuarterona]), pero todos, en su conjunto, eran, en el sentido más amplio del término, mestizos”. (1988: 429-430).

“El número de individuos pertenecientes a otras razas o mezclas raciales debió de ser mínimo, así sólo nos queda constancia de algunos negros, probablemente esclavos en su totalidad, y que, seguramente, no superaron nunca la decena a lo largo del período de nuestro estudio”. “También debió de ser muy corto el número de mulatos, también llegados de la zona andina […].” (Ibidem: 430).

M. Bach, en la década del 40 del siglo XIX, observó el mestizaje biológico cultural cruceño-camba de esta manera:

“Teniendo en cuenta a los que le rodean, uno se puede imaginar que los cruceños actuales son una mezcla de españoles, paraguayos, chiquitanos y chiriguanos; la lengua española, la cual es aquí la única que se habla, contiene muchas palabras locales de esas naciones [Bach alude a los chiquitanos, guaraníes, chiriguanos…]. Traje, comida y costumbres eran las mismas del Paraguay y Chiquitos […]. El carácter de los mismos [es decir, de los cambas cruceños de la primera mitad del s. XIX] se compone, por así decirlo, de cuatro caracteres nacionales, a saber, el español, el del Paraguay, el de Chiquitos y el de los Chiriguanos. Son pacíficos, pero también cobardes, medrosos pero también crueles, hospitalarios pero también codiciosos, impetuosos pero también alegres y casi sin vergüenza, no son bebedores pero en cambio son terribles jugadores. No son amigos del estudio, pero son hábiles agricultores y criadores de ganado; tienen un gran talento, un rápido entendimiento y una viva imaginación: provista de una buena formación serían personas capaces. Respecto a sus atributos físicos son sin duda los mejores y más bellos humanos en todo el Perú y Bolivia, muy blancos, de bella fisonomía y bien desarrollados como los paraguayos; naturalmente se encuentra mucha sangre indígena entre ellos, la cual hace casi la cantidad predominante. Tienen un odio contra todo lo forastero y extranjero, y denominan todo lo que no es de Santa Cruz con el mote despectivo de colla. Constituye algo singular encontrar en el interior de Sudamérica, cortada de otras ciudades, una tribu de hombres de vieja sangre española, que habla sólo español”. (Santa Cruz de la Sierra, 15/Enero/ 1842).

Tanto Antelo como Moreno (1960 [1885]) reconocen que el mestizaje del cruceño, supuestamente mantenido casi puro hasta fines del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, comenzó con la expulsión de los jesuitas de las misiones de Mojos y Chiquitos.

“Una de las cosas que más lamentaba Antelo era ver que su amada Santa Cruz, la propia ciudad cabecera del departamento, desdiciendo de sus antecedentes, estuviese hoy mestizando sus habitantes de pura raza española [?], dándose sin género de selección a encastar con los indígenas, o con los que tienen algo de indio en las venas [o sea, con los mestizos cambas cruceños]. ¡Cómo si no fuera ya mucho el emparentarse con aquellos que, sin ser precisamente indios, tienen en su modo de ser todas las de indios por haber tomado la calidad de éste, como decía el intendente al rey! Sus noticias sobre el particular eran concretas, seguras, recientes. Seguía con ojo inquieto la evolución que allí se estaba verificando en la estructura social. Su punto más remoto de comparación era 1859, año de la salida de Antelo” .

Para corregir un poco la postura de Antelo que da a conocer Moreno, es oportuno mostrar la explicación del mestizaje biológico cruceño-camba (guaraní y chiquitano) que da Sanabria en la nota 20 de la obra de Moreno que seguimos. Así:

“El mestizaje de la ‘plebe urbana’ [cruceña], para usar el dicho de don Gabriel René, no se ha debido exclusivamente al aporte biológico de extracción guaraní, sino también al de procedencia chiquitana. Bien sabido es que durante la época virreinal y aún en los primeros años de la república, el gentío guaranítico, salvo contadas excepciones, vivía apartada de la población urbana de Santa Cruz y a las veces en rigurosa colisión con ésta. El ingreso de gente de esta estirpe dentro de la masa pobladora de Santa Cruz sólo empezó a operarse cuando la extinción de las reducciones o misiones existentes en la campiña próxima determinó la disposición de sus elementos componentes, ya medianamente civilizados y aptos para la vida urbana y la coexistencia con los blancos.

“[En] cuanto al chiquitano, si bien las misiones jesuíticas cuidaron de sostenerlos en los lugares nativos durante todo el tiempo que las misiones estuvieron a su cargo, al pasar éstas a manos de laicos y seglares no sólo se permitió, sí que también se dio pábulo a la saca de indígenas misioneros para ser llevados a Santa Cruz y su campiña, bien como gentes de servicio doméstico, bien como peones de labor agrícola.

“La mestización con uno y otro elemento indígenas no habría de tardar en operarse, [si] bien no con la intensidad que la expresión de Moreno sugiere”. (Sanabria en Moreno 1960 [1885]: 80-81).

Por su cuenta, René Moreno a fines del S. XIX, del cruceño mestizo que se formó ya desde la colonia, a partir de la fundación de la ciudad de La Barranca a orillas del Río Grande o Guapay, y que se fue dispersando por los llanos de la Chiquitania, del Chaco y, con el tiempo, por los llanos de la Amazonia, afirma:

“Sea porque conviniera al fin natural de tener por allí segura de bárbaros a la puerta de subida al Perú […], el hecho es que en esa comarca fértil y amena se desparramaba en chacos y estancias mucha gente blanca que no dependía del gobernador de Santa Cruz.
“Esta gente provenía de la mezcla progresiva del español con la india guaraní. Sabido es que esta progenie blanquean por completo a la segunda o tercera generación, y que, si entonces sobreviene de nuevo el concurso caucáseo, el atavismo guaraní se retira para siempre de la piel, y persiste tardíamente situado tan sólo en las facciones o en otras partes físicas o morales del mestizo. Un historiador que vivió en el Paraguay estudiando la naturaleza más de veinte años entre hombres amarillos y hombres blancos, se muestra admirado de dicha mezcla por la excelencia de la variedad resultante. [….].

“Los conquistadores, dice Azara, llevaron pocas o ninguna mujer al Paraguay, y uniéndose con indias resultaron un multitud de mestizos, a quienes la corte declaró entonces españoles. Hasta estos últimos años puede con verdad decirse que no han ido mujeres de fuera, ni aun casi hombres europeos al Paraguay, y los citados mestizos se fueron necesariamente uniendo unos con otros, de modo que casi todos los españoles, allí, son descendientes directos de aquellos mestizos. […] “Observándolos yo (continúa diciendo Azara) encuentro en lo general, que son astutos, sagaces, activos, de luces claras, de mayor estatura, de formas más elegantes, y aun más blancos, no sólo que los criollos o hijos de español y española en América, sino también que los españoles de Europa, sin que se les note indicio alguno de que desciendan de india tanto como de español”. [El subrayado es nuestro]. (1973: 191-192).

Más adelante, René-Moreno sigue refiriéndose al mestizaje biológico del cruceño con gente de las etnias chiquita y guaraní de esta manera:

“[…] este tipo primitivo de casta indoblanca no ha desaparecido por completo en la estructura de la sociabilidad cruceña más genuina. A este especie originaria de mestizos blanqueados perteneció hasta no há mucho la plebe de dicha ciudad, donde el conde de Castelneau, en 1845, oía que damas de pura raza llamaba con desdén “cholas” á sirvientes tanto o más blancas que las damas mismas.

“Esta plebe sin duda ninguna era entonces un reciente y buen resultado de la referida mezcla del blanco criollo con el amarillo chiquitano o guaraní, mezcla muy pronto refinada hasta la total expulsión del amarillo en la progenie, es decir, hasta el más completo y firme blanqueamiento caucáseo”. [El subrayado es nuestro]. (1973:193).

Cientos de esos “camba-cruceños” (criollos, mestizos y también indígenas) emigraron al Beni y a lo que ahora es Pando, y también se mestizaron, en unos casos con población nativa y, en otros, con gentes venida del exterior, particularmente europeos, durante el período de la explotación de la goma elástica (1870-1930). En efecto, las cifras que se dan de la población cruceña que se fue al Beni y lo que ahora es Pando en un período de 30 años (1877-1907) es de 80.000 personas (Lema 2009: 128, Cuadro 4.4).

Entre esta población cruceña, gente indígena chiquitana fue llevada al Beni. Así, “[el] despoblamiento de la provincia [Velasco] por la migración al Beni fue ilustrado por varios artículos de prensa: en 1901, por ejemplo, se relata que el pueblo de Concepción se vació de su población indígena, al ‘extremo que no se hallaba a quien nombrar cacique’”. Ese año, un nuevo enganche se llevó al Beni a 80 chiquitanos de Concepción (Lema 2009: 130). También fueron llevados Chiriguanos al Beni, como lo documenta Combès (2005: 127-128): “A fines del siglo XIX e inicios del XX, muchos chiriguanos fueron prácticamente raptados y obligados a salir hacia el Beni, por lo general sin retorno (…). Así, entre los primeros sobrevivientes de Kuruyuki, muchos fueron llevados a la fuerza al Beni”. Al respecto, Nordenskiöld (2002 [1912]: 271-272), se refiere de esta manera: “(…) Al norte de la zona ocupada por los chiriguano tiene lugar otro tipo de migración [que se diferencia con la que va al norte argentino. [De esta región al chiriguano “[nadie] lo retiene a la fuerza” cuando quiere volver]. De las regiones gomeras, por el contrario, nadie regresa. [. . . ] “De modo desvergonzado se ha embaucado a los chiriguano, sobre todo a los del valle de Kaipipendi, para ir a las regiones caucheras en el noreste boliviano donde fueron vendidos como trabajadores (…)”. (Cfr. también Nordenskiöld 2003 [1922]: 14). El año 1911 fueron llevados Guarayos a Guayaramerín para trabajar en el primer cuartel de esa ciudad amazónica (Becerra Casanovas 1980: 186). “Estos valientes hombres y mujeres guarayos venían e iban a su tierra para traer a los demás familiares y así se establecieron hasta hoy en día [en Guarayamerín]” (Crespo Avaroma 2006: 135). No se descarta que fueran llevados Chané del Isoso a la región gomera de Beni y Pando con la participación como contratistas de algunos capitales isoseños como Iyambae o Arïgui (Combès 2005: 147). Por cierto, mojeños o llaneros benianos de diferentes etnicas cambas también fueron llevados a la zona amazónica de la siringa, ante la “carestía de la mano de obra” en el lugar, como afirma Block (1997: 226): “(…) los pueblos de Mojos suministraron una fuente esencial de peones aclimatados para el comercio gomero por el Madera”.

Criollos cruceños, que se dedicaban a al industria azucarera, marcharon “al Beni junto a sus peones ‘alucinados en obtener mejores ventajas en aquella región’ (…)” (Lema 2009: 129). Mientras algunos paceños se adentraban a la región cauchera por el norte de La Paz (hoy provincia Iturralde), los “cruceños se descolgaban por el Río Grande y desparramaban por el Itenez, por el Machupo, el Itonamas, llegando a Guayaramerín, a Villa Bella, hasta Manaus. Por el lado de la provincia del Yacuma, Ballivián y actual Iturralde, se abrían las selvas dejando paso a grandes pioneros. Nicolás Suarez, Antonio Vaca Díez, Nicanor Gonzalo Salvatierra, Miguel y Angel Roca [todos cruceños y otros muchos más], y doscientos más tan empeñosos y decididos, iban ocupando parcelas ricas, pampas y montes, lagos y ríos” (Boero Rojo (1982: 50) en Crespo Avaroma 2006: 131).

La presencia del cruceño en el Beni mestizándose con la población nativa y mestiza beniana, o bien dejando la impronta de su cultura camba en dicho departamento, es mencionada en otras fuentes. Por ejemplo, el empresario cauchero Antonio Vaca Díez en su Diario de Viaje de 1876, al referirse a los bailes de Santa Ana del Yacuma, dice que “son con poca diferencia, lo mismo que los cruceños: música igual, los mismos agasajos y obsequios a la concurrencia, las mismas costumbres”. (2005 [1876]: 167).

El escritor español Ciro Bayo que estuvo a fines del siglo XIX en Trinidad-Beni observó la presencia de la cultura cruceña camba de esta manera: “En Trinidad la sociedad carayana es fina y culta en su mayor parte, casi al nivel de su homóloga la cruceña; y esto se explica porque quien dice Trinidad dice Santa Cruz… Aquí como en todo Mojos domina el elemento cruceño, mayormente en estos tiempos de fiebre de la goma, en que Santa Cruz de la Sierra se despuebla de ricos y pobres […]”. (1912: 348).

Este proceso de mestización bio-cultural entre cambas cruceños y mujeres nativas mojeñas o arawak en el Beni es caracterizado por Coimbra de esta forma:

“Los vecinos de Baures eran bravos y cruceños. Después de haberse enriquecidos trabajando en los siringales del Madera, nutridos de experiencia, ávidos de sosiego, habían tornado con la serena cosecha y, elegido este rincón, plantaron sus reales para gozar de la vida. De éstos eran don Balvino Franco, don Pastor Oyola, don Rafael Ruiz, don Manuel José Justiniano (…), don Benigno Vaca Moreno, don Manuel Ruiz, don Fernando y Arístides Antelo, don Urbano Melgar, don José Manuel Martínez y otros muchos que sería largo enumerar.

“Entre los nativos que ostentaban el blasón de su alcurnia y sus riquezas, estaban los señores Rómulo, Pedro y Nemesio Ojopi, hijos del gran cacique don Hipólito y de doña María Manuela Vaca, cruceña, “americana-española”, como dice un documento público que a ella se refiere. Eran especímenes espléndidos de la raza mestiza, los tres primeros; raza que dio más tarde a muchos notables pioneros de la goma, grandes benefactores de su pueblo, artistas e intelectuales”. (1993: 51-52).

La presencia de cruceños por el oeste del Beni, en este caso en Reyes (hoy la capital de la provincia Ballivián del Beni), a fines del siglo XIX, es innegable. En efecto, el viajero y naturalista italiano Balzan la destaca: “La población acomodada de Reyes está formada casi totalmente de cruceños, es decir, de individuos de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, situada al N-E de Bolivia […]”. (2008 [1892]: 172).

Muchos de estos cruceños asentados en Reyes y sus alrededores, si no ellos, sus descendientes, se mestizaron también con algunas mujeres nativas de la etnia de los maropas (reyesanos), tal como lo muestra Vázquez Pinto (2009). Consultando los Archivos de la Parroquia de Reyes, muestra el casamiento de algunos cruceños o sus hijos con mujeres mestizas, como este caso: El cruceño Manuel Tristán Cuellar, que se casó con cándida Rivero, tuvo dos hijos: Miguel y Manuel. El año 1895 se encontraba en Reyes, de aquí se fue cerca de Santa Rosa del Yacuma para dedicarse a la ganadería, construyendo dos estancias: “El Naranjal” y “Mercedes”. Su hijo, Manuel Cuellar Rivero contrajo bodas con Dalia Mosqueira Gualasúa, mujer, como se ve, mestiza, hija de un criollo beniano y de una nativa camba. De este matrimonio nacieron tres hijas: Claudina, Robertina y Sara Cuellar Mosqueira. (Vásquez Pinto 2009).

Más recientemente, se destaca ese mestizaje, con la presencia incuestionable del camba cruceño (criollo o mestizo y también indígena), en la ciudad amazónica de Guayaramerín. “(…) Esta nueva raza social con apellidos de origen español entrelazados con los originarios tiene los siguientes ejemplos: Gálvez Camana, Justiniano Amaboco, Mercado Bueripoco, Melgar Piri, Jiménez Echore, Espinosa Chiguaná, Sabané Apuri, Vaca Supayabe, Roca Bayo, Rodríguez Sangama, Claure Tonore, Carmargo Amutari, Solano Avicho, Dorado Guacama, Cuellar Malale, Spanic Queteguari, Saravia Ejuro, Roca Amabeja, Cuellar Moncoca, Paredes Guadiay, Roca Bayo, Daza Malele, Saucedo Novoa, Domínguez Noco”. (Crespo Avaroma 2006: 136-137).

Ese mestizaje bio-cultural del camba cruceño con el camba beniano (mestizo e indígena), explica porqué el beniano, sea más criollo, mestizo o nativo, también es denominado camba y se puede asumir así. Como se ha visto hasta aquí hay muchas razones para auto percibirse así.

El uso del término camba, como se vio en base a Coimbra y otras fuentes, ya está presente en el Beni en el siglo XIX.

4) La palabra camba en el siglo XX e inicios del siglo XXI y la cultura camba hoy

En este siglo también aparece el vocablo camba en algunos escritos y documentos.

En 1905, el cruceño Mariano Terrazas en su artículo “Por la agricultura, tocando llagas” (La Aveja, No. 121, 7.VII. 1905), usa indistintamente la palabra “camba o indio” para criticar la situación y el trato deplorable que en aquellos años se le daba al camba, a pesar de haber una Ley, un Código Civil…que a todos declaraba hombres “libres e iguales”, pero que en “la práctica [eso] no sucedía así”, decía.

Ahí se aprecia que el término “camba” significa indígena, pero también peón u hombre trabajador de una hacienda, de la empresa, del campo, etc.

En Derechos Reales de Trinidad, existe un documento de compra-venta de una estancia llamada “Camba muerto”, del 5 de junio de 1913, ubicada en el cantón de Santa Ana del Yacuma, con una extensión de 6.198 hectáreas. Dicho lugar fue vendido al chileno Ambrosio García por su propietario Nicolás Suárez. (Vásquez Pinto 2009).

A partir de los años 30, según aclara Vásquez Machicado, en su ponencia oficial representando a Bolivia, presentada en el XXXIV Congreso de Americanistas llevado a efecto en Hamburgo el 1930, el mismo Estado boliviano comienza a hacer una suerte de inventario de los pueblos indígenas de este país, distinguiendo dos variaciones: los incásicos y los salvajes. A las tribus de los llanos, consideradas “salvajes” por las mismas autoridades gubernamentales de la época, se decide llamarles también “guaraníes”, por ser esta raza el tronco originario de las tribus pobladoras del Oriente. Para referirse a estas tribus (es decir, a los pueblos o etnias del oriente boliviano), aclara en su conferencia: “También usaremos el modismo ‘camba’ por ser muy usado en la República”. (Vásquez M., 1940).

En esa ponencia, Vásquez Machicado, que se había sumado al nacionalismo altoperuano que buscaba darle un sustento indígena a la idea de la nación boliviana, acepta usar la terminología “guaraníes” o “camba”, pero despojándola de cualquier significado socioantropológico, pues él también creía por aquellos años que la base de la nacionalidad boliviana debía ser la aimara, y no la de las tribus guaraníes o la camba.

Al respecto, no deja de ser importante resaltar que el término calificativo “camba” era muy usado a inicios de los años 30 del siglo XX para aludir al hombre de los llanos o del oriente boliviano, y, de esa manera, diferenciarlo de cualquier otro habitante de este Estado.

Por aquellos años, durante la guerra del Chaco, al beniano de Santa Ana del Yacuma, Rómulo Mendoza Arteaga, que por su valentía, coraje y desempeño en el conflicto bélico con el Paraguay había sido ascendido a un grado militar, se le llamaba el “teniente camba”. Porfirio Díaz Machicado, al ser incorporado a sus órdenes, recuerda en su autobiografía parte de este diálogo que mantuvo con él:

“-¿Usted es el soldado Díaz Machicado? –Me preguntó el camba.
“- A sus órdenes mi teniente.
“-Ahora nos vamos. Ud. ha de ser mi soldado. Lo único que le pido es valentía, buen comportamiento”. (en Carvalho Urey 2007: 169).

En el contexto de ese conflicto bélico y de la enfermiza desconfianza de los collas hacia los cambas, se tomaron algunas medidas políticas para prevenir que el pueblo camba renovara sus intentos separatistas. Una vez más, todos los cargos políticos se dieron a los collas, se negó comando militar a los cruceños y se prohibió a los mismos formar su propio regimiento (Heath 1959: 30-31, en Maclean Stearman 1987: 47). “En vez de unir a los hombres de las tierras bajas y de las alturas en una causa común, la guerra sólo sirvió para grabar más profundamente los viejos [históricos, esto es, desde la colonia] odios regionales” (Maclean Stearman 1987: 47). El testimonio de un ex combatiente camba demuestra cómo había ese conflicto cambas versus collas. Pero también indica cómo por la década de los 30 del siglo pasado, el hombre oriental o cruceño se auto percibía como “camba”. Por tanto, esta palabra ya era asumida por el hombre de las tierras bajas y estaba más generalizada de lo que a veces los historiadores imaginan.

“¡Fue una época increíblemente horrible! Supongo que la guerra es siempre fea, pero esta fue infernal. Lo peor era que [los cambas] no teníamos un solo enemigo sino tres –permanentemente teníamos que pelear contra la sed y los collas, igual que a los paraguayos. Hubo muchos que se volvieron locos de sed y se suicidaron o fueron matados. Y hubo muchos que fueron matados por los bolivianos – los collas sólo tenían que decir que un camba era espía y lo mataban –. Así se divertían cuando calmaba la guerra, y casi fueron matados tantos de nuestros compañeros [cambas] por los collas como por los enemigos del otro lado. Por supuesto, nosotros también pudimos matar algunos de ellos, pero era peligroso”. (Testimonio de un ex combatiente camba en Heath 1959: 31 en Maclean Stearman 1987: 47).

A los pocos años de terminada la guerra del Chaco con el Paraguay, Germán Busch se hizo con la presidencia de Bolivia, y en la ciudad de la Paz no dejaban de llamarlo el “Camba Busch” o simplemente “El camba”, según Suárez Vargas (2004) .

Estas tres últimas referencias muestran ya con mayor claridad que la palabra camba se la usaba también por los años 30 del siglo XX para denominar a mestizos y criollos y no sólo a nativos del oriente boliviano.

En esta línea, en el Beni en 1938 se aplica dicho término de manera universal para identificar tanto al indígena como el mestizo del oriente boliviano. El beniano Bascopé G, al escribir sobre el camba, ese año afirmaba:

“[…] En el Sudeste, en el Oriente y en Noroeste […] se formó, en una briosa palpitación de causas mesológicas, un elemento humano de incomparable valor social: EL CAMBA […] El Camba es un producto de su espacio; domina su bravía instintividad una intuición devastadora, y fue siempre libre como el viento de la planicie […]. Acostumbrado a vencer, rompió las trabas del mestizaje. Sin luz ni freno, su desbordante naturaleza abonó durante centurias el campo de su especie. De este modo, dentro de su constelación étnica, el Camba tiene un solo valor político y una sola altura social desde el Sur Guaranítico hasta el Norte Tacana y Mosetén […] En su primer periodo fue avasallador y triunfador. Las alboradas contra las tesoneras empresas extremeñas y vizcaínas retardaron la velocidad de la campaña conquistadora Europea. Más tarde se transformó. Cincuenta años antes de la Intendencia de Viedma era el Camba el auxiliar más enérgico de la civilización. Necesitó doscientos años para florecer prodigiosamente como una fuerza nueva, con otro carácter y con otro destino […]”. (en Revista Moxos, 18-XI-1938).

En los años 50 del siglo XX, Sanabria usa la palabra camba para aplicarla al ámbito religioso católico y folklórico, hablando de “Virgencita camba” y de “carnavalito camba” (cfr. Fernández 1995: 236-237; 268-269).

Si embargo, este autor a inicios de los años 60 del siglo pasado, sostiene que “en la actualidad el término camba tiene ya muy poco uso entre los indígenas. En cambio entre los criollos, ha llegado a cobrar una acepción de índole peyorativa, que involucra, o quiere involucrar, toda la masa de la población cruceña, con cierta tendencia de la exaltación del quid regional”. (Sanabria en Moreno 1960 [1885]: 98, nota No. 27).

Esta nota de Sanabria señala dos aspectos importantes: a) que a inicios de los 60 del siglo XX, la elite criolla cruceña aún no había asumido su condición socio-cultural de “camba”, y b) que, prácticamente, a todo el pueblo cruceño, la masa de la población, se le llamaba camba. O sea, este término es usado de manera universal para referirse a “todo” aquel que socio-económicamente no tenía poder. Por ende, es válido también llamar desde aquellos años al pueblo cruceño “pueblo camba”.

No por nada, por aquellos años, el antropólogo norteamericano Heaht llamó al pueblo cruceño “Pueblo Camba”, pueblo, que según él, ha “[sabido] domar a la selva virgen y lograr que florezcan jardines en el yermo”. Este pueblo, como entidad social y cultural, es “nuevo en el mundo”, pero desde el siglo XVI ha estado en permanente formación por medio de un proceso constante combinado. “Los Cambas forman una nueva constelación en el universo de la cultura humana. Todo parece indicar que esta constelación parece hallarse en ascenso”. (2000: 78).

En las décadas del 70 y 80, el término camba, de origen guaraní-chiriguano, seguirá manteniendo también su significado de “amigo”. Y también será entendido como la “[designación] común para el indígena del oriente boliviano y [por] extensión y con cierto énfasis de gregarismo regional, cualquier habitante de la misma comarca”. (Sanabria 2008: 68).

En este sentido, Maclean Stearman (1987: 39) en los años 70 afirma que los

“habitantes de la región de Santa Cruz se conocen como cambas, término que se cree originado en la palabra guaraní que significa ‘amigo’. Al principio se lo aplicó a la clase campesina y era sinónimo de peón que estaba ligado por deudas a un gran establecimiento agrícola o finca. Al pasar el tiempo, camba llegó a ser un término que incluía toda la sociedad de las tierras bajas, tanto campesinos como aristócratas. Además vino a ser un medio por el cual los habitantes de las tierras bajas podían demostrar su distancia tanto cultural como geográfica frente a los habitantes de las tierras altas, a quienes se referían como collas (de la quechua Qollasuyo, el sector meridional del imperio Inca).

“En su mayor parte el camba es mestizo y aun las familias que presumen de una ‘pura herencia castellana’ se verían en apuros para probar ese aserto […]”.

En los años 90 del siglo XX, Saignes (2007), usa la vos “camba” para calificar a una cultura emergente mestiza: la “cultura camba”, resultante, según él, de la antigua, tensa y hasta ambigua convivencia hispano-guaraní. Esta cultura camba fue estudiada bajo el aspecto del habla popular por Sanabria (1965). Pero en su múltiple herencia guaraní, castellana, arawak, chaqueña y también del piedemonte andino, hace falta reconstruir su genealogía colonial. Los mestizos de la frontera chiriguana aparecen como un eslabón en la etnogénsis de esta cultura camba.

Es cierto que esta cultura camba aún no ha sido estudiada en su genealogía colonial o etnogénesis. Pero existen actualmente algunas investigaciones publicadas que la describen contemporáneamente en sus rasgos más sobresalientes. En efecto, tenemos el estudio de Bergholdt (1999) para quien la cultura camba se caracteriza por los rasgos siguientes:

+ Los cambas admiran la belleza, actitud que la expresan hacia las mujeres bellas y en el gusto por vestir bien. La ropa que visten es delgada por el mismo clima tropical. Usan el color blanco o los colores claros en sus ropas.
+ La cocina camba no es muy variada. Se consume mucha carne, por ser la región productora de ganado vacuno. Entre las comidas típicas se pueden nombrar el majao, el locro camba, el masaco preparado en un tacú. El ingrediente típico para acompañar las comidas es el jacuú, sobre todo, la yuca, o bien el plátano verde frito o el pan. No se comen comidas muy picantes. Se consume una chicha no fermentada para refrescarse del calor.
+ Entre la música tradicional destacan el taquirari y la chovena. “Ambos con aires y bailes de compás 2×4, de origen indígena de la zona de Chiquitos”, el segundo, y de origen mojeño el primero . “La flauta y el tambor son los instrumentos más importantes en este tipo de música que se puede realizar instrumentalmente o acompañado de canto” (Ibidem: 93).

“En los bailes las personas normalmente llevan trajes típicos del Oriente boliviano (vestidos blancos y sombreros saó) y son bailados más que nada en eventos especiales, como por ejemplo, el día de la independencia, el día de la tradición o el carnaval. Para carnaval también se presenta el baile carnavalito (…) que es una música vivaz parecida a la chovena, pero de compás 6×8” (Idem).

En la música camba se nota la herencia de los padres jesuitas en forma de música barroca europea. Sin embargo, también ha influido en los últimos años la música latinoamericana como la mejicana, de Europa y de Norteamérica. Y estos tipos de música juegan un rol preponderante en la vida musical del camba cruceño de hoy.
+ De todas las fiestas religiosas, cívicas, tradicionales y sociales que existen en Santa Cruz, el carnaval es, sin duda, la fiesta más grande y famosa. Se corona a una reina, de la clase social alta o media que sea hermosa. Se participa del carnaval en comparsas compuestas por fraternidades, logias o grupos sociales. Se lo critica por ser un carnaval donde sobre todo se divierten los ricos (?). Esta fiesta es acompañada con bailes, ritmos y trajes tradicionales como el tipoy que se presentan en las comparsas. Ahora bien, “estos elementos culturales están poco o nada presentes en la vida cotidiana y moderna de Santa Cruz, pero el carnaval abre un espacio para retomar estos elementos primordiales en el intento de autoidentificarse como cambas” (Ibidem: 95).
+ Por influencia sobre todo del clima y el medio ambiente y secundariamente por el sistema capitalista, en la ciudad capital de Santa Cruz, el carácter y actitud del camba es de desprendimiento con lo que posee, “no es de ninguna manera ahorrativo y acumulativo, pues no urge tanto preocuparse por el futuro” (Gabriel Hollweg 1977: 149 en Bergholdt 1999: 97). “Es individualista por naturaleza, puesto que se ha acostumbrado a vivir y entendérsela relativamente solo en su ‘inmensidad verde’, pues no ha requerido tanto del otro para sobrevivir” (Gabriel Hollweg 1977: 149 en Idem). Tiene otros rasgos como la libertad natural, la agresividad, la vitalidad robusta, fuerte autoconfianza, ánimo comunitario, sinceridad, hospitalidad, imaginación, carácter alegre y festivo. “Personalmente fui invitado a una gran cantidad de fiestas – dice Bergholdt –, y noté que al cruceño le gusta bailar, divertirse y en general ‘pasarla bien’” (Idem). “La agilidad mental y la superficialidad anímica son, según mi punto de vista –continúa observando este danés –, rasgos bien característicos de los cruceños. Muchos cruceños son encantadores y complacientes justamente por esa agilidad mental, pero les falta profundidad”, critica este autor (Idem). “No es aventurado establecer una relación entre esta ligereza y el bajo nivel de educación que generalmente se hace notar en Santa Cruz de la Sierra. Exceptuando a unos intelectuales, Santa Cruz no presenta mucha erudición simplemente porque a muchos cambas no les interesa estudiar o profundizar” (Idem).
“En cuanto a la hospitalidad de los cambas cruceños que tanto hacen ostentar los escritores cruceños (…), yo diría –observa Bergholdt, como para tenerlo en cuenta – que ya no es tan marcada. Sin duda la hospitalidad ha sido una de la características bien marcadas del camba en el pasado (lo plantean varios viajeros y escritores del pasado y de principios del siglo presente, entre ellos el sabio francés Alcides d’ Orbigny), pero en la actualidad el pensamiento capitalista y egoísta ha hecho menguar esta virtud de la hospitalidad, pues hoy día en más superficial y asunto de prestigio debido a que la gente ahora piensa más en sí y menos en el huésped (…) (Ibidem: 98).
Respecto a la sinceridad de los cambas, es cierto lo que se dice. “Noté que no disimulan sus opiniones y comparados con los collas son muchos más directos, francos y honestos. Por eso también parecen más indiscretos y a veces hasta más groseros” (Idem).
El sentimiento de libertad también fue notado por d’ Orbigny, libertad que se revela en el mismo himno de Santa Cruz: “Siempre libres, cruceños, seamos” –cual lo son nuestras aves y flores (…)”. “Este sentimiento de libertad en parte creado, y por cierto alimentado, por la dominancia altoperuano en Santa Cruz a través de la historia y también en el presente. Los cruceños no quieren que nadie decida sobre ellos y mucho menos los collas. En general quieren sentirse libres sin la influencia estatal que tradicionalmente ha sido dominada por hombres del interior del país” (Ibidem: 99).
+ La religión oficial de los camba cruceños es el catolicismo. Pero no son católicos fanáticos ni ortodoxos. “El Dios cristiano está presente en la mayoría de las mentes cruceñas, pero las iglesias no están llenas todos los domingos el año entero. Esta forma de ‘creencia sin práctica’ es un rasgos muy típico de las sociedades modernas y semimodernas cristianas” (Ibidem: 99). Y sin embargo, la religión católica forma la base de la ética y la moral de los cambas. Se celebra la Navidad casi como se lo hace en el mundo occidental capitalista, con mucho consumo. La Semana Santa también moviliza a casi toda la población. El 8 de diciembre de cada año se hace una romería a la Virgen de Cotoca. Las creencias religiosas de los pueblos originarios han sobrevivido muy poco en el Oriente boliviano. Esto por la presencia de las misiones europeas en los siglos XVII y XVIII y parte del XIX.
+ No existe entre los cambas una práctica cultural social que resalte o sea predominante. Hay sí una práctica cruceña característica: el asociacionismo muy extendido en fraternidades, las cuales, eso sí, no comprenden a todos los cruceños en absoluto (Ibidem: 101). “Sólo una minoría de los cambas-cruceños practican este asociacionismo, y mayormente son los que pertenecen a la vieja estirpe cruceña (…)” (Idem). Se logra pertenecer a una fraternidad si se tiene cierto estatus social y poder económico. Aunque también existen otro tipo de fraternidades, incluso de personas jóvenes que se reúnen para tomar y emborracharse juntos y nada más.
+ Lo cambas tienen sus leyendas. Por ejemplo, la de “La Casa Santa”. También tienen sus mitos ideológicos. Así, el “cruceñismo”, creado en torno a sus luchas contra el centralismo andinocentrista, como el caso de la lucha por la federalización de Santa Cruz y de Bolivia protagonizada por Andrés Ibáñez en la segunda mitad del siglo XIX; o bien, la lucha por el 11% de las regalías petroleras para el departamento a fines de los años cincuenta del siglo XX. “El mito ideológico es el arma más importante del regionalismo cruceño” (Ibidem: 105).
+ El lenguaje de los cambas tiene unos rasgos que lo particularizan. Así, a nivel fonético en la forma de pronunciar la s. La s no se pronuncia con un sonido silibante, especialmente al final de la sílaba. Es aspirada suavemente. Así, “escalera” viene a ser “ehcalera”. “La Paz” se pronuncia “La Pah”. Y “pues” se convierte en “pueh”. En el lenguaje camba la d intervocálica en la terminación verbal o adverbial ado tiende a ser elidida, así que se dice “he comprao” en lugar de “he comprado”.
A nivel gramatical, los cambas, al igual que los argentinos, no tutean sino vosean. El pronombre personal ti y su compuesto contigo están absolutamente ausentes en el habla cruceña. El camba dice “ehto eh pa vos” en vez de “esto es para ti”; “va con vos” en lugar de “va contigo”. Usa muy escasamente el pretérito perfecto (“ha llegado”), y más bien usa con frecuencia el pretérito indefinido “llegó ayer”. Es muy característico y de uso continuo los diminutivos cambas – ingo – inga, por ejemplo, “todingos”, “pierningas”. Destacan también el uso de aumentativos cambas – ongo, – onga y – ango, por ejemplo, “grandango”, “puertanga”, “florsanga”. Es también usado con frecuencia el superlativo de superlativos – ininísimo -, por ejemplo, “ese es riquininísimo”.
En cuanto al léxico camba, hay una tendencia, por ejemplo, a usar “pueh” (“pues”) como afirmación de respuesta inmediata, equivalente al “sí” común y corriente. En general, el camba tiende a hablar fuerte y rápido.

Está también el de Waldmann (2008) que aplicando el concepto sociológico de “habitus” de Bourdieu, identifica en la identidad camba, de manera conclusiva, una codificación binaria basada en valores (como por ejemplo, el sentimiento de honor, que sería parte de la cultura camba tradicional o estamental) y que se mantiene en funcionamiento de manera comunicativa mediante el comportamiento. Esto explica, según este autor, que en el comportamiento del camba, sobre todo del cruceño citadino, siga existiendo una conciencia cultural feudal (conservadora) en un entorno vital moderno, integrando la práctica de la vida moderna en su práctica de comunicación (Ibidem: 309). Esta cultura, expuesta a los desafíos de la modernidad, está muy lejos de ser desplazada o asfixiada por ésta. “Al contrario, la cultura local demuestra una gran capacidad de asimilar las nuevas influencias y conservarse en el marco de un proceso de evolución cultural” (Ibidem: 310). En síntesis, a pesar de la influencia de los estilos de vida modernos en el camba cruceño, en éste supervive un código cultural estamental caracterizado por algunos valores como, por ejemplo, el valor del honor cultural.

A inicios del siglo XXI, la palabra camba, sin perder su significado etimológico y socio-cultural, será revalorado por el Movimiento Autonomista Nación Camba para cualificar y denominar al pueblo camba-cruceño como Nación: la “Nación Camba” ; nación que por extensión incluye y abarca a toda la población del oriente boliviano (indígena, mestiza y criolla) de Pando, Santa Cruz y Beni .

A manera de conclusión y reflexión final

El término camba, de origen chiriguano-guaraní, ha sido usado, según las fuentes analizadas, para nombrar e identificar a personas y a un grupo de individuos pertenecientes, en un primer momento, a comunidades o etnias nativas de la ex gobernación de Santa Cruz y, después, para caracterizar, de manera más universal, a la población indígena, mestiza y criolla asentada, en lo que vino a llamarse en la vida republicana de Bolivia, el oriente boliviano.

La identificación del camba y de “lo camba” evolucionó hasta nuestros días. Si en los siglos XVI, XVII, XVIII y las primeras décadas del XIX, se le decía camba al nativo de Santa Cruz y de Mojos o Beni, a partir de la segunda mitad del XIX, comienza, con mayor frecuencia, a nombrase también como camba al mestizo. Este uso y significado de la palabra se mantendrá por lo menos hasta las primeras décadas del siglo XX. Será a partir de la guerra del Chaco (1932-1935) que se comenzará a llamar camba también a los criollos del oriente boliviano.

El proceso de universalizar el uso del vocablo camba para identificar y caracterizar al hombre y la mujer del oriente boliviano, ha sido lento, dialéctico y hasta traumático; pero también se ha dado con cierto grado de naturalidad histórica, social y cultural. Pues, detrás de dicho término y su acepción, existe una historia, un pueblo protagonista con sus individuos de carne y hueso, una identidad antropogeográfica y cultural que hoy se llama camba. De este proceso han sido sujetos los indígenas guaraníes, chiriguanos, mojeños, itonamas, movimas, pakahuaras, araonas, maropas (reyesanos), etc., los mestizos y criollos, con todas sus virtudes y defectos.

De ese proceso, muchas veces conflictivo, no ha estado ausente el colla, portador de una cultura distinta a la del camba. Pero esta es otra historia que alguien alguna vez la tiene que estudiar para hallar algunos puntos de encuentros y de entendimiento, en el marco de un diálogo racional, con la ética de la tolerancia y del respeto mutuo, y sin imposiciones de ningún lado.

Volviendo a lo camba. Se puede sostener que recién a partir de la segunda mitad del siglo XX, sobre todo el pueblo cruceño se asume como camba, excepto, quizás, algún sector social perteneciente a la elite cruceña con poder económico y político y dependiente del poder central del Estado boliviano. Pero esta actitud es más producto de no reconocer o de ignorar el profundo mestizaje biológico cultural del pueblo cruceño y en general de todos los cambas del oriente boliviano; mestizaje que se dio, como se sabe, desde los primeros años de la fundación de Santa Cruz de la Sierra (1561) en la ex gobernación de Mojos (creada en 1560), antes que efecto de una falta de identidad cultural propia.

Hoy, es esa identidad cultura camba, conformada en un espacio geográfico o territorio (el oriente boliviano), con una historia regional, con individuos y grupos humanos protagonistas, con sus tradiciones, valores, forma de ser y aspiraciones políticas, la que se ha convertido en el pivote de la nacionalidad camba; nacionalidad que aspira a ser reconocida como otras naciones dentro del Estado plurinacional boliviano y en el contexto internacional. Negarle ese derecho a los cambas como pueblo o nación, será prolongar, absurdamente, el conflicto histórico con las naciones del Kollasuyo boliviano (zona andina).

Reconocer ese derecho al camba, a ser distinto, en un mundo que valora cada vez más lo diverso, lo pluricultural y plurinacional, es signo de racionalidad y ética. No hacerlo, es mantener aquel conflicto con todas las consecuencias negativas que puede tener. Parte de esa solución es, hoy, seguir avanzando en la consecución de la autonomía plena departamental. Y más adelante, si acaso, conformar una Estado confederado trinacional (de tres nacionalidades: chapacos, collas y cambas), con la presencia de la Nación camba.

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